dilluns, 9 de desembre de 2013

EL CASO ROCÍO. LA HISTORIA DE UNA PELÍCULA SECUESTRADA POR LA TRANSICIÓN.

El caso Rocío es un documental y es un libro, es una historia sobre la dignidad de unos, la impunidad de los de siempre, los mitos sobre la falsa democracia y una sentencia censuradora que mantiene vigente un secuestro de la verdad, la libertad de expresión y la memoria colectiva. Una injusticia que perdura en el tiempo y que este valiente y solidario trabajo por parte de los que conocieron y apreciaron a su protagonista, Fernando Ruiz Vergara, saca del olvido definitivamente. Un trabajo muy bien documentado y de denuncia para que no dejemos de recordar. Un documental, Rocío, que son muchos documentales, tantos como las visiones que nos ofrece su director de una fiesta, que explica una parte de la historia que se hunde en el tiempo y perdura hasta nuestros días.

In memoriam Fernando Ruiz Vergara.




El caso Rocío.
José Luis Tirado.

El documental El caso Rocío tiene como protagonista la película Rocío. Está estructurado como una narración brechtiana a cargo de un coro, compuesto por los autores de Rocío, los que participaron en su realización, los amigos y colaboradores cercanos: Fernando Ruiz Vergara, que dirige la película y también el montaje; Ana Vila Teixidó, que firma el guión y la producción ejecutiva; Vitor Estevao, director de la fotografía, que maneja la cámara principal, Salvador Távora, que compone e interpreta los temas musicales; (...)

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Rocío ha pasado a la historia como la primera película secuestrada judicialmente en España tras la derogación de la censura cinematográfica en 1977.  También fue una importante aportación desde la periférica Andalucía a los largometrajes documentales que se produjeron en el cine de la transición, que pretendían construir un discurso crítico y de recuperación de la memoria reprimida durante el franquismo. La persecución judicial de la película supuso el final de la trayectoria del director, que se auto-exilió en Portugal, lugar en el que vivió hasta su fallecimiento en 2011. Con un extraordinario tratamiento cinematográfico, Rocío es un referente en la historia del cine documental en el Estado español.

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Secuencias. De la vida y obra de Fernando Ruiz Vergara.
Juan José Vázquez Avellaneda.

Somos fillos da madrugada
Pelas praias do mar nos vamos
Á procura de quem nos traga
Verde oliva de flor no ramo
Navegamos de vaga em vaga
Nao soubemos de dor nem mágoa
Pelas praias do mar nos vamos
À procura da manha clara.

Canto Moço. José Afonso.




Fernando Ruiz Vergara (Sevilla 4 de mayo de 1942 - Castelo Branco 12 de octubre de 2011) murió aún joven cuando ya empezaba a sorprenderse de los años que iba cumpliendo según comentaba las últimas veces que nos vimos.

Se dedica a la pintura, la escultura y la cerámica (...)

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Algunas claves ocultas de Rocío. Los sucesos del 32 en Almonte y la "cuestión agraria". 
Francisco Espinosa  Maestre.

La Constitución de 1931 se aprobó en diciembre de dicho año y tanto antes como después no dejaron de producirse sucesos extraños en gran parte del territorio nacional (apariciones de la Virgen, extrañas profecías, actos violentos,). En paralelo al laicismo, la II república planteó desde el principio la necesidad de un ambicioso proyecto de reforma agraria que permitiera un reparto más justo de los recursos. La realidad demostró la estrecha relación existente entre muchos de los afectados por ambas reformas. La defensa de la Iglesia estaba estrechamente relacionada con la de defensa de la propiedad, especialmente de la propiedad de la tierra. Y esto es precisamente lo que ocultaban las versiones que circulaban sobre los "sucesos de 1932": aparentemente se debieron a la espontánea reacción popular ante el anticlericalismo republicano, pero en realidad la razón de fondo fue la puesta en marcha de las primeras medidas para establecer qué tierras serían objeto de la reforma.

De lo que fue este conflicto constituye una muestra el breve relato que en sus recuerdos como gobernador civil Braulio Solsona dejó escrito con el título de "El campo andaluz".

"Invitado a tomar un "chatito" el "señor gobernador" se encontró con la sorpresa de que aquel hombre no era tacaño, como había podido suponer.  Era un hombre rumboso y derrochador, que se estaba gastando un río de pesetas en una juerga. Probablemente, aquella noche se gastaba el hombre más, mucho más, que lo que pudiera importar la diferencia de jornales que tanto se discutió.

bastó una mirada del "señor gobernador" para que el señorito se diera cuenta de lo que pensaba. Pero bastó un gesto del señorito para que el "señor gobernador" se hiciera cargo de la posición del cacique. Y este gesto quería decir que el propietario andaluz no es tacaño. Lo que no quiere es que la gente de abajo "se acostumbre mal".

Y en este juego está la realidad de la vida en la campiña andaluza.

Y uno piensa con tristeza que todo esto desgraciadamente no lo acaba más que la violencia (Solsona, 1935:109-10)

Solo tuvo que llegar el Frente Popular para que la lucha campesina se reanudara con mayor ahínco. No en vano el alcalde Manuel López Mojarro, uno de los vocales obreros que hemos visto actuar estos años.

Pág. 26-27

Extracto carta de Manuel López Mojarro antes de ser fusilado:

También quiero que mi prestigio y mi honra sean respetadas hasta la eternidad. 

Pág. 32.

Lo dicho convierte a Rocío en el primer documental en que se abordó abiertamente, aunque no sin reservas, la represión producida por el golpe militar del 18 de julio de 1936. Al mismo tiempo, su director, Fernando Ruiz Vergara, tuvo la desgracia de ser, al mismo tiempo que pionero de esto que se ha dado en llamar "memoria histórica", la primera víctima del "derecho al honor",  o lo que viene a ser lo mismo, de la impunidad del franquismo, amparada por el modelo de transición y por el aparato judicial, siempre presto a cortar todo intento de establecer una verdad jurídica sobre los hechos ocurridos allí donde los golpistas se impusieron en poco tiempo.

Pág. 38 

Caciquismo y devoción. El Rocío como modelo de gestión de lo sagrado simbólico. 
Antonio Orihuela.

Una vez que las tropas golpistas tomen el pueblo el 25 de julio de 1936, será esta oligarquía quien dé cobertura económica a unas improvisadas milicias que sembrarán el terror en toda la cuenca minera, un dato que tal vez explique, desde la memoria histórica, el por qué no hay constituidas hermandades filiales en Zalamea, Riotinto, Nerva o El Campillo.

Pág. 58

Otra demostración de que la alianza entre la Iglesia y las oligarquías rurales de la baja Andalucía no solo gozaba de buena salud, sino que estaban dispuestas a dar la batalla ante los que propugnaban un Estado laico, caldeando aún más la conflictividad social en esos años cruciales de la vida republicana y protagonizando numerosos incidentes de desobediencia a la autoridad (...)

Entre 1970 y 1976 se volverá a repetir este fenómeno de la inflación de la exteriorización de la devoción con la fundación de once nuevas hermandades, en un contexto muy similar de explosión de las libertades, creciente laicismo y un horizonte político incierto.

Pág. 59

En 1972 se multiplica por cuatro el núcleo primitivo de la aldea. Desde finales de los años setenta la demanda de estas casa en el Rocío se dispara, y el precio del suelo llegará a igualar al de la Castellana en Madrid.

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En 1981 la romería del Rocío acogía ya la cifra de un millón de visitantes. Tres años más tarde la Reina Doña Sofía y las Infantas la visitan. En 1986 es el presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla. En 1992 son los Reyes de España. En 1993 Juan Pablo II.

Tras la victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, las políticas culturales socialistas se convierten en garantes de lo popular, y de sus expresiones religiosas, en medio de un creciente sentimiento nacionalista estimulado también desde la progresía intelectual andaluza que, a falta de un elemento cohesionador como prodría ser una lengua distinta al castellano, reivindicará la romería del Rocío como símbolo cultural de una identidad (...) Así desde la pretendida izquierda, también se da forma a un discurso atávico, lo tradicional o susceptible de serlo, cimentado en una emotividad irracional capaz de generar amplias e inquebrantables adhesiones y orientado hacia la búsqueda totalitaria de o que supuestamente homogeneiza y da substancialidad al sujeto colectivo que se quiere construir desde esa identidad de talla única que se supone idealmente anterior a lo político, y por tanto limpia de todo conflicto de clase.

Pág. 64

Como recogía en su reportaje la periodista Olivia Carballar, pareciera que la potencia de la iconografía rociera también esté sirviendo para otorgar un halo de impunidad a muchos que convierten esos días en un todo vale, desde contratar en negro cuadros flamencos, los servicios domésticos o el alquiler de las casas, a conducir con una copa de más, invadir cultivos, maltratar animales o dejar toneladas de basura regada en el corazón del Parque Nacional mientras el SEPRONA mira para otro lado y el Consejo de Europa avisa que si esto no se controla Doñana puede perder el diploma de Calidad de Espacios Protegidos.

Pág. 65

Un lobo con piel de cordero. La censura en el cine documental después de Franco.
Alejandro Alvarado.

Si bien la censura es una herramienta invariablemente asociada a los regímenes totalitarios, sin embargo los sistemas democráticos liberales tampoco se libran de ella, aunque en sus normas inscriban la libertad de expresión como garantía fundamental. El control de las ideas se va relacionando, más allá de los métodos represivos evidentes, con formas más sutiles y difíciles de advertir, donde el poder y control del Estado y de la Iglesia se ha traspasado mayoritariamente al dominio omnipresente del mercado.

Pág. 69

El proceso, ya iniciado previamente durante el franquismo, hacia una democracia liberal basada en la economía del mercado, no podía tener ningún obstáculo. Las élites políticas y económicas no podían, o más bien querían, permitir que algunos discursos rupturistas hicieran peligrar el nuevo Estado. Como consecuencia, durante esta transición política aparecieron en pos del consenso nuevos temas tabú, como la crítica a la institución monárquica, la unidad del Estado o la memoria de la guerra civil. El cine, por su impacto social y popularidad, y especialmente mucho del cine documental de aquellos años, por su capacidad de transgresión y su posicionamiento crítico en materia ideológica, religiosa y moral, se convertían por su potencial "desestabilizador" en expresiones a las que continuar observando con la lupa de la cautela.

Pág 73-74

Pero fuera del aparato estatal también podían ejercerse otro tipo de coacciones contra la difusión de determinados filmes: acciones de grupos ultraderechistas, presiones por parte de la Iglesia, e incluso, rechazo por parte de los exhibidores.

Pág. 77

"La fabricación de una nueva y limpia historia que concuerde con una imagen de España que en realidad nunca existió, o existió precariamente: la de una España "europea" de tradición moderna y webberiana que es la que se presenta como fundamento histórico a la política reformista, de consenso, y sobre todo de olvido, de la postdictadura" (Vilarós, 1998:109)

Pág. 78

El "caso Rocío" y la transición. Persecución, hostigamiento y caída de Fernando Ruiz Vergara. 
Ángel del Río Sánchez y Francisco Espinosa Maestre.

Algunos seguimos con especial interés aquella historia por un motivo. Estaban dándose entonces los primeros pasos para adentrarnos en el oscuro mundo de la represión franquista, y lo ocurrido a Fernando Ruiz Vergara representaba una seria advertencia. De modo que fue en este ambiente de absoluta ocultación de os aspectos más negros del golpe militar -aún no habían sido publicadas ninguna de las investigaciones pioneras sobre la represión franquista- donde Ruiz Vergara vino a contar la trastienda de la matanza realizada por los fascistas en Almonte, y puso nombre y rostro al que, según algunos testimonios, aparecía como máximo responsble: el terrateniente y ex alcalde primoriverista José María Reales Carrasco.

Pág. 81

El resto lo podemos imaginar pero hay que contarlo. La vida privada y profesional de Fernando Ruiz Vergara quedó destrozada; Pedro Gómez Clavijo, que llegó a llorar en los servicios de la Audiencia cuando se vio ante cuatro años de prisión y una fuerte multa, vio amargados los últimos años de su vida; y Rocío se convirtió en un filme maldito. Por si fuera poco, cuando se ha pasado alguna vez por televisión, no solo se mantiene la censura sino que los cortes que la evidenciaban con la referencia al decreto que la ordenaba han desaparecido. Quienes la hayan visto por las televisiones públicas donde se ha emitido (TVE y Canal Sur) o la vean actualmente no perciben nada extraño. La censura ha conseguido su último objetivo: actuar sin dejar huella.

Pensemos que todo ello ocurrió entre febrero de 1981 y febrero de 1984, cuando, según nos dicen algunos, ya había pasado lo peor de la transición (el quinquenio 76-81), había sido superado el golpe militar de febrero de 1981 y España había entrado en la plena democracia con la mayoría absoluta socialista más espectacular de su historia.

Pág. 87

No es este el lugar para hacer un balance de lo que ha supuesto esta censura en distintos niveles: en la prometedora carrera creativa de su director que abandonó España par autoexiliarse en Portugal, y en el desarrollo del cine documental. En cualquier caso, sintonizamos plenamente con la opinión de Juan José Vázquez, que fue testigo directo del proceso sufrido por el filme Rocío desde su génesis: "La transición ponía coto no sólo a la posibilidad de hablar abiertamente de nuestro trágico pasado, sino también condenaba al silencio a aquellas iniciativas que desde plataformas no tuteladas intentaban abrirse paso tras la larga noche del franquismo".

Así en la tierra como en el cielo. Reflexiones sobre las mujeres en los ritos festivos, a propósito de Rocío.
Pura Sánchez.

También a través de las imágenes de Rocío podemos percibir una identidad femenina, solo que encarnada en grupos de mujeres anónimas, lo que representa una diferencia en relación a las obras citadas. Sin embargo, estos grupos, en su conjunto, creemos que hacen referencia a una sola identidad femenina: la más tradicional y patriarcal,  aquella que considera a las mujeres un grupo subalterno y, por tanto, les reserva, tanto en la Historia como en la vida cotidiana, un papel secundario y subordinado al único protagonista posible, el varón.

Pág. 91

Esta primera parte tiene un aire falsamente costumbrista, con el que se describe la romería y a sus participantes, divididos en dos mundos difícilmente conciliables: el de las clases altas -aristocracia latifundista y alta burguesía- y el de los servidores. La radiografía de esta sociedad fracturada resulta demoledora, a la vez que tremendamente creíble. Mientras los subalternos están sometidos a un régimen de servidumbre cuasi feudal, los señores se mueven con soltura entre el fervor y la prostitución infantil; sus actos delictivos son juzgados por la justicia divina y perdonados en razón de arrepentimiento mostrado en el transcurso de la romería, quedando impunes para la justicia humana.

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Las mujeres aparecen en tres contextos diferentes. En primer lugar, aparecen desempeñando tareas de mujeres -consideradas como tales dentro y fuera del espacio y el tiempo rituales-, en tiempo de trabajo y en tiempo de ocio: friegan, barren, cocinan y bailan o pasean a caballo.

Pág. 94

Las imágenes del salto de la reja para apoderarse del ícono religioso adquieren todas las connotaciones de un acto erótico-sexual, con el mismo reparto de papeles que la ideología patriarcal asigna a hombres y mujeres en dicha relación: frente a la impasibilidad de la imagen- y también de las mujeres, que esperan a que el asalto se produzca- los gritos, los rostros sudorosos, las bocas que muerden claveles... de los hombres. Momento de éxtasis al que contribuye el griterío, la tensión contenida y el repiqueteo frenético de las campanas de la ermita.

Pág. 95

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